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lunes, 6 de febrero de 2017

Epicureismo






EPICURO: FELICIDAD Y SERENIDAD DEL ALMA

Nacido en Samos, se instala en Atenas y funda su propia escuela, el Jardín, que a diferencia de la Academia platónica o del Liceo aristotélico no era un centro de atracción intelectual o de educación e investigación superior, sino una especie de retiro espiritual donde se reunían unos amigos para buscar la felicidad cotidiana por medio de:
1- la convivencia según ciertas normas
2- y la reflexión de acuerdo con determinados principios.

Según era tradicional en el helenismo esta filosofía constaba de tres partes: la lógica (estudio del criterio o cánon), la física y la moral.


1. LA CANÓNICA: CRITERIOS DE VERDAD

La canónica está muy ligada con la física; frente a la lógica entendida como estudio formal de los tipos de silogismo, de las normas del razonamiento deductivo, etc., enseña las bases elementales del proceso mediante el cual se accede a lo real y se distingue lo verdadero de lo falso. Al considerar el alma como un agregado de átomos diluido por todo el cuerpo, Epicuro unifica y simplifica el mecanismo de la sensación y del conocimiento; rechaza los dualismos «alma/cuerpo» y «sensación/intelección», Epicuro distingue tres criterios de verdad: la sensaciones, las afecciones y las preconcepciones.
A estos tres criterios, los epicúreos añadieron un cuarto: la proyecciones imaginativas del entendimiento

No hay criterios metafísicos o apriorísticos que justifiquen el proceso de conocimiento. Epicuro resalta continuamente la primacía de los sentidos como elemento psicológica, genética y epistemológicamente imprescindible en el camino del conocimiento.

a) Entendidas como el testimonio inmediato de los sentidos las sensaciones siempre son verdaderas: son el primer criterio de verdad y es irrefutable; los restantes se fundamentan sobre ellas. La sensación es:
1-     una afección: algo pasivo que exige la presencia del objeto que la produce
2-     es producto y garantía de la misma estructura atómica de la realidad.
3-     es irrefutable por que nunca se le puede oponer ni otra sensación homogénea (porque tendría el mismo valor), ni otra sensación heterogénea (porque se referiría a otro objeto), ni la razón (porque ésta depende de la sensación y no viceversa).


De los objetos se desprenden las imágenes, constituidas por átomos sutilísimos, los cuales, formando una especie de efluvio, alcanzan la sensibilidad del sujeto cognoscente. Los sentidos recogen estas imágenes y surgen así los datos de los sentidos, que son la materia de todo juicio mental superior.
Epicuro también acepta una segunda clase de imágenes que no proceden de las emanaciones de objetos reales, sino que se forman autónomamente por amontonamiento de átomos físicos. Estos átomos no penetran por los órganos de los sentidos, sino por los poros del cuerpo, llegando al lugar donde reside el pensamiento, siendo así percibidos inmediatamente por nuestro espíritu


b) Las afecciones son las respuestas inmediatas (de placer o de dolor) del sujeto ante las sensaciones; no informan sobre la naturaleza del mundo exterior, sino que sugieren qué acciones realizar y cuáles evitar. Constituyen un criterio en tanto que lo placentero es verdadero y lo doloroso falso, pues lo primero es natural y lo segundo antinatural.
Así como las sensaciones constituyen el material de la vida intelectual, las afecciones conforman el material con el que se edifica la vida moral (ética)


c) Las preconcepciones son una imagen mental o un concepto general producido por el recuerdo de impresiones sensibles repetidas de un de-terminado objeto. Se trata, por tanto, de un producto de experiencias particulares anteriores, aunque luego sea previo a otros actos de conocimiento. La preconcepción precede a modo de imagen o molde mental a reconocimientos sucesivos. Constituyen la raíz de los juicios que dan lugar a las opiniones, que pueden ser verdaderas o falsas (las opiniones, no las preconcepciones, que son criterio de verdad, OJO).

El error o la falsedad surgen:
- al referir una preconcepción a una apariencia sensible inadecuada
- o bien al emplear palabras que significan una imagen que no se corresponde con el objeto actualmente designado.
Por esto Epicuro recomienda prestar gran atención al uso de las palabras, hay que confirmar que referimos la preconcepción a la experiencia sensible adecuada y que utilizamos el lenguaje correctamente.

d) Vayamos ahora por un momento a los dos conceptos fundamentales de la física de Epicuro: átomos y vacío. ¿Por cuál de los criterios llegamos a su conocimiento, pues no son ni sensaciones, ni afecciones, ni preconcepciones? A resolver esta dificultad se encamina el cuarto criterio introducido por los epicúreos: las proyecciones imaginativas del entendimiento. La inteligencia puede «proyectar» la existencia de algo no atestiguado por las sensaciones, como es la existencia de los átomos y el vacío.


2. LA FÍSICA: REINTERPRETACIÓN DEL ATOMISMO DESDE UNA PERSPECTIVA ÉTICA
La física de Epicuro es esencialmente democriteana, si bien introduce algunas modificaciones con el objeto de defender al atomismo de las críticas que había recibido (particularmente aristotélicas)

Epicuro parte de que:
1-  nada surge de lo no existente
2- y de que nada se destruye en el no ser
3- concluir que el todo o la realidad en su totalidad fue siempre y será siempre como es ahora.


El todo está formado por cuerpos (tal y como lo atestigua la sensación) y por vacío (cuya existencia se infiere por el hecho de que existe el movimiento), y es infinito, pues si fuera finito tendría límites.

El Todo no puede tener límites, pues entonces existiría el Todo y lo que lo limita, lo cual resulta contradictorio. Si el Todo es infinito, también lo serán sus dos principios constitutivos: átomos y vacío.
Los cuerpos, por su parte, son compuestos por elementos que son indivisibles (porque de lo contrario podrían dividirse infinitamente hasta disolverse en el no-ser) e inmutables (no ad-miten cambios internos). Los cuerpos compuestos, por el contrario, se generan (átomos que se unen) y se corrompen (átomos que se disgregan o se separan)

De acuerdo con Epicuro (y en este punto comienza a separarse de Demócrito) los átomos tienen tres características estructurales
a)              tamaño: Frente a Demócrito, que admitía la infinidad de tamaños, Epicuro sostiene que los átomos tienen distintas envergaduras, pero no infinitas, ya que ningún átomo puede llegar a ser perceptible por los sentidos.
b)              Forma o figura: Para facilitar su combinación y entrelazamiento en los sistemas atómicos que forman los cuerpos, los átomos tienen distintas formas, en sentido cuantitativo, no cualitativo (pues todos los átomos son de la misma naturaleza).
c)               Peso: los átomos tienen peso que les impulsa a caer y a mover-se hacia abajo: por ello están en continuo movimiento; incluso dentro de los mismos compuestos atómicos mantienen una especie de vibración interior. La existencia del vacío es condición de posibilidad del movimiento de los átomos, pues hay que presuponer un espacio que los acoge y les permite reunirse y disgregarse.
Mientras que las cosas que percibimos tienen características secundarias: color, olor, sabor...


EL SURGIMIENTO DEL COSMOS: LIBERTAD Y NECESIDAD
A partir de estos elementos estructurales Epicuro explica el nacimiento del cosmos como el resultado de choque de átomos que hace que se origine una vorágine que en su día dio lugar al mundo. Aunque los átomos caen hacia abajo en líneas verticales entrechocan entre sí porque en su trayectoria se producen desviaciones espontáneas.

En todo este proceso no interviene ni la divinidad ni la necesidad, no hay teleología, sino que el kosmos es producto de azar.
Epicuro estaba más preocupado por el hombre que por la naturaleza: deseaba preservar una libertad que no cabía dentro del rígido determinismo del atomismo antiguo. En este sentido, la teoría del parénclesis o desviación espontánea de los átomos adquiere una importancia fundamental, pues esta espontaneidad interna que se concede a los átomos se revela muy útil en la defensa de la libertad de los individuos, los cuales, a fin de cuentas, no dejan de ser un compuesto de átomos, que sin embargo puede de esta manera escapar del rígido determinismo natural.
El atomismo de Epicuro se dirige a ofrecer un fundamento a su ética


Esencialismo e instrumentalismo. El problemas de las explicaciones múltiples

Esencialismo: los científicos pueden establecer las verdad de las teorías más allá de toda duda razonable, describen las esencias o las naturalezas esenciales de las cosas, las realidades que están por detrás de las apariencias.
Instrumentalismo: para él las teorías no son verdaderas o falsas, sino herramientas más o menos útiles, adecuadas o inadecuadas por relación a los fines perseguidos.
En Epicuro ambas posiciones se combinan de una forma sumamente peculiar.

En “La Carta a Pitocles”  se distinguen entre dos tipos de investigaciones: las que admiten un único tipo de explicación (y que están referidas a los asuntos fundamentales, tales como los átomos, el vacío, su relación, etc.) y las que permiten varias explicaciones (las dedicadas a los fenómenos celestes)

En “la Carta a Heródoto”  se distingue entre una investigación especializada astrológica y una reflexión que no se encamina hacia los fenómenos celestes en sí, sino hacia la naturaleza y causa de estos fenómenos. La primera de estas investigaciones no contribuye a la felicidad, sino que puede incluso aumentar la turbación. Para conseguir la felicidad hay que centrarse en el segundo tipo de investigación, «más esencial y fundamental».

Brevemente, las distinciones de la Carta a Heródoto y las de la Carta a Pitocles se ensamblan del siguiente modo:
A) una investigación más esencial = lo que es o sucede de un único modo = una única respuesta (perspectiva esencialista)
B) investigación astrológica más especializada = lo que se presenta de varios modos = explicaciones múltiples (perspectiva instrumentalista).

Parece, pues, que mientras que A tiene valor en sí mismo, B está orientado exclusivamente a alcanzar la tranquilidad e imperturbabilidad del ánimo. El asunto, sin embargo, no es tan sencillo, pues instrumentalismo y esencialismo se combinan con el fin de alcanzar la felicidad.

Los fenómenos celestes se estudian para alcanzar la ataraxia; no interesan en sí mismos y da igual que la explicación ofrecida diga o no diga relación a la verdad, puesto que es un mero instrumento del que nos servimos para alcanzar la tranquilidad del alma. Pero, por otra parte, también hay una investigación esencialista, cuya su tarea es establecer las condiciones que permiten una explicación natural de los fenómenos, de la que a su vez depende la tranquilidad del alma. Más aún, si no hubiera esta explicación más esencial, sobre los fenómenos naturales podrían articularse las más extrañas hipótesis, lo que produciría la turbación más absoluta, lo que Epicuro quería evitar.


3. ÉTICA. Los placeres
La ética de Epicuro es hedonista:
1) el placer es el fundamento de una vida feliz
2) la consecución del placer y la evitación de su contrario, el dolor, guía elecciones y re-chazos;
3) que no hay otro objetivo transcendente
4) que la propia naturaleza de los seres animados fija este criterio básico de conducta.


Crítica al hedonismos de lo cirenaicos
Los cirenaicos (ARISTIPO) defienden un subjetivismo y un fenomenalismo radical. No podemos decir nada sobre las cosas en sí mismas, pero hay algo de lo que sí podemos estar completamente seguros, a saber, de cómo somos afectados por ellas. Si las sensaciones de placer y dolor constituyen el único saber real, sólo ellas podrán ser pauta para nuestro obrar y no obrar. Lo confirma el hecho de que los niños, naturalmente, antes de ser maleados por la cultura y la sociedad, buscan involuntariamente obtener placer y evitar el dolor.

Aristipo distingue tres estados: de placer (que es un movimiento suave), de dolor (un movi-miento brusco) y neutro (serenidad). Aristipo da preeminencia a los placeres de los sentidos, pues los placeres corporales son más fuertemente sentidos. Por otra parte, placer es el placer presente, pues sólo él es nuestro; los pasados han perecido y del futuro nada sabemos con seguridad: el recuerdo del pasado y la espera del futuro aún no son placer.

Tampoco es placer la ausencia de dolor: es propio de los muertos

De esta concepción del placer como algo estrictamente individual y limitado temporalmente al presente se sigue que todo placer es en sí un bien, sin importar la acción de donde proceda, así como que la bondad y la maldad son relativas a su capacidad para proporcionar placeres: no hay diferencia por naturaleza entre bien y mal, sino debida a la tradición y a la costumbre. En medio de este hedonismo desenfrenado irrumpe, sin embargo, un elemento socrático: La phrónesis realiza esta balance placer/dolor: hay que aferrarse al presente y gozarlo, pero inteligentemente. La inteligencia para evitar toda cosa dolorosa y para gozar de todo placer posible es la virtud del sabio.


Placeres cinéticos y catastemáticos
Frente a las tesis hedonistas extremas, Epicuro admite los placeres:
-         en movimiento (cinéticos): no acrecientan el disfrute, sólo lo colorean
-         en reposo (catastemáticos): el máximo placer es no sentir dolor.

Como el máximo placer es no sentir dolor:
-         Se niega la posibilidad de un estado intermedio, neutro, entre placer y dolor
-         así como la existencia de placeres mixtos, mezcla de placer y de dolor

Entendido de esta manera el placer es natural y eso determina que no sea ilimitado, como pretendían los cirenaicos; la naturaleza ha fijado los límites naturales del placer, así como la facilidad para alcanzarlo, pues es fácil recuperar el equilibrio físico y eliminar lo negativo y lo superfluo.

Placeres del cuerpo y del alma
Los placeres básicos son los de la carne; Sin embargo, y de nuevo frente a lo cirenaicos, Epicuro considera más graves lo dolores y mayores los placeres del alma que los del cuerpo:
1-              en primer lugar, porque el cuerpo sólo goza y sufre en el presente, mientras que el alma sufre y goza en el presente, el pasado y el futuro
2-              por lo que conviene cuidarse mucho más de la disposición buena de la mente que de la del cuerpo
3-              Finalmente, la mente tiene un cierto poder para contrarrestar el dolor físico.


Sin embargo, la coherencia materialista y sensualista se resiente al afirmar la superioridad de los placeres del alma. Y queda totalmente rota cuando Epicuro sostiene que esta superio-ridad no es sólo cuantitativa, sino también cualitativa. Epicuro privilegia los átomos que constituyen la parte racional del alma introduciéndose subrepticiamente de este modo una diferencia cualitativa que atenta contra la afirmación ontológica básica de que los átomos sólo se diferencian cuantitativamente.

El cálculo de los placeres y la phrónesis
El hedonismo de Epicuro se presenta atravesado por un elemento racional: la phrónesis, virtud encargada de realizar el cálculo de los placeres, se convierte en punto central de la ética epicúrea

conviene determinar todas estas cosas con el cálculo y la consideración de las ventajas y desventajas, pues nos servimos del bien, en algunas circunstancias, como de un mal, y viceversa, del mal como de un bien

Los placeres pueden ser de tres clases:
- no naturales: que producen mayores dolores y cuya causa son las vanas opiniones. Coronas, estatuas...
- y naturales, que a su vez pueden ser
-        no necesarios, cuya causa reside en la propia naturaleza de los seres vivos. Sólo colorean el placer, sin eliminar el dolor (comida exquisita)
-        o necesarios, que son aquellos directamente relacionados con la conservación de la vida del individuo, que tienen una urgencia inmediata y requieren satisfacción bajo pena de dolor, pero que son fáciles de obtener. Beber si tienes sed.

El epicureismo se resuelve finalmente en una renuncia a todo lo irracional o arriesgado. Enseña a saber desprenderse de los deseos superfluos. La templanza y la moderación reducen los deseos a un mínimo esencial sobre el que cabe un perfecto control al margen de la fortuna.

Si quieres hacer rico a Pitocles, no aumentes sus dineros, sino limita sus deseos


4. LA SUPERACIÓN DE LOS TEMORES (4 TEMORES)
Epicuro reconoce que aún existen cuatro cosas que nos atormentan:
1-              el tiempo que devora los placeres: una duración finita o infinita no cambia la cualidad, pero ¿qué sucede desde un punto de vista cuantitativo? La razón enseña que el limite del placer está en la ausencia de dolor, comprende que no crece por encima de aquí y lo consolida eliminando del ánimo todo cuanto pueda perturbarlo: los temores.

2-              el temor al dolor: Epicuro consuela señalando su relatividad. Si es del cuerpo y no es grave, no sobrepasa la buena disposición del ánimo; si es grave pasa pronto y si es gravísimo conduce a la muerte que es insensibilidad. Los dolores del alma son producto del temor, de las vanas opiniones y los errores. Su remedio reside en el estudio y la reflexión sobre aquella filosofía que disipa el temor y las vanas opiniones, la del mismo Epicuro.


3-              El temor a la muerte: Epicuro argumenta que la muerte no es nada, pues todo bien y todo mal toman pie en la sensación y la muerte es privación de los sentidos. La muerte no tiene realidad, pues cuando existimos no está presente y cuando está presente no existimos. Epicuro concluye que no nos atemoriza la muerte en sí misma, sino su expectativa. Sin embargo, es necio quien dice que teme a la muerte: El sabio, en cambio, ni rehusa la vida ni teme el no vivir. Porque no le abruma el vivir, ni considera que sea algún mal el no vivir. El deseo de eternidad es absurdo y no hay que temer los castigos de ultratumba pues el alma es corporal y material y no sobrevive a la muerte

4-              El temor a los dioses nace de una falsa opinión acerca de ellos. La felicidad de los dioses reside en lo mismo que la de los hombres: en el placer entendido como ausencia de turbación en el alma. Es absurdo pensar que las divinidades se molesten en gobernar el mundo o en intervenir en los asuntos humanos.

La plenitud e incorruptibilidad de un ser implica no sólo estar libre de preocupaciones, sino el no causárselas a otro. Nada le dicen, pues, ni las iras ni las benevolencias. Todo esto son cosas de débiles.

Para Epicuro la religión astral no es más válida que la religión tradicional griega, pues inspira los mismos temores. Las religión astral se cubría con el prestigio de la ciencia; era sufi-ciente, entonces, con mostrar que esta ciencia era falsa, que los pretendidos dioses-astros no tenían nada de divinos, ya que son una masa aglomerada de fuego.

De ahí que conviene admitir la opinión de que esa regularidad y ese movimiento periódico se realizan de acuerdo con las implicaciones originarias de los mismos compuestos orgánicos, desde el origen del universo.



5. Sobre la política: DE LA POLIS AL JARDÍN (Lucrecio)

En perfecta concordancia con la perspectiva atomista de su física, en las reflexiones políticas de Epicuro lo primordial son los elementos individuales y no hay una subordinación previa del individuo (ni del átomo) a algún plan transcendente

Ni la sociedad ni las leyes que la rigen son naturales, sino que tienen su origen un pacto social, antes del cual los hombres vivían en un estado de salvajismo absoluto

Por miedo a la agresión mutua los hombres «empezaron unirse en amistad, deseosos de no sufrir ni hacerse mutuamente violencias»

Se derivan varias consecuencias
-         En primer lugar, que el hombre no es social por naturaleza, sino por conveniencia. Por tanto, la polis es una realidad artificial y relativa
-         el sabio no acata las leyes de su ciudad por deber o respeto, sino exclusivamente en función de la conveniencia general.
-         El sabio epicúreo no desea intervenir en política, pues ello supondría arriesgarse a perder la ataraxia y a llenarse de dolor y turbación.


La reflexión política clásica pretendía ir más allá de las simples propuestas morales, en la medida en que señalaba que era imposible moralizar sin crear a la vez las instituciones adecuadas para encauzar las propuestas morales.

En la quiebra histórica de la polis asi como en la inestabilidad de las formas políticas que la sucedieron, Epicuro creyó encontrar una comprobación histórica y real de la validez de las conclusiones individualistas y apolíticas que se derivaban necesariamente de su física y de su ética. En esta situación, el sabio epicúreo se retira al Jardín a vivir entre los amigos y a estudiar filosofía.

martes, 30 de agosto de 2016

HUME: crítica a la creencia en la "religión natural"






En los siglos XVII y XVIII fue muy corriente hablar de una supuesta religión natural o religión racional: un conjunto de verdades a las que podíamos llegar mediante el empleo de la razón. Tenía 2 creencias básicas:
1- hay un ser supremo que ha creado o diseñado el mundo
2- el alma es inmortal



1. crítica al argumento del designio
Este argumento parte de la constatación de que el universo en su conjunto es extraordinariamente parecido a una máquina bien ordenada. Como las máquinas son resultado del diseño, elaboración de seres inteligentes (hombres), debemos concluir que el universo ha tenido que ser diseñado por una inteligencia  con facultades mucho más amplias.





HUME:
1- lo anterior es posible, pero también lo es la “vieja hipótesis epicúrea”: una materia a la es inherente el movimiento tiene que acabar produciendo un orden como el que presenta el universo
2- el universo se parece más a un animal o vegetal que a una máquina. Por tanto es posible que su causa se parezca a la de aquellos (el principio de generación y el principio de vegetación). Al igual que un árbol deja caer semillas en campos cercanos y da origen a otros árboles, nuestro sistema planetario podría ser un gran vegetal que produce ciertas semillas (cometas) y se esparcen y dan lugar a nuevos mundos.
Puede parecer fantasía, pero ¿es más razonable creer en un diseñador inteligente?

Críticas al argumento del designio:
1- el argumento no permite decidirnos entre politeísmo y monoteísmo. El universo puede ser resultado de la cooperación de varias divinidades cooperadoras. El argumento no es fruto de investigadores imparciales sino de personas convencidas previamente del contenido de la “religión verdadera” y que buscan confirmarla a toda costa
2- existe el mal en el mundo. La divinidad no ha sido capaz de crear seres desprovistos de dolor. Podemos inferir su absoluta indiferencia hacia la felicidad humana. Sería un ser que no tendría mas preferencias por el bien frente al mal que las que muestra por el calor frente al frío.

2. crítica al argumento a priori (o cosmológico)
Este argumento dice: todo lo que existe debe tener una causa o razón de su existencia. Al ascender de los efectos a las causas tenemos que recurrir finalmente a una causa última que sea necesariamente existente.

Ahora bien ¿es verdad que todo lo que existe debe tener una causa o razón de su existencia? Todas las cosas que vemos tienen una causa, pero eso no implica que deban tenerla.

Todo lo que podemos concebir, es posible. No podemos excluir la posibilidad de que el universo no tenga causa. O incluso que sea eterno.

El argumento a priori es inválido. Tan posible es que el mundo haya sido creado por Dios como que haya surgido de la nada o que sea eterno.

3. el problema del alma
Tener en cuenta los argumentos obtenidos a partir de la analogía de la naturaleza, los “argumentos físicos”
1- Cuando 2 objetos están tan estrechamente conectados que todas las alteraciones en uno van acompañadas de alteraciones en el otro, podemos concluir que cuando se producen alteraciones mayores en el primero y se disuelve totalmente, se seguirá una total disolución del segundo

2- nada es eterno en este mundo, todo está sometido a un flujo y cambio continuos. El pensar que el alma es inmortal es contrario a los principios de la analogía. Nuestra situación de inconsciencia antes de la formación del cuerpo  es prueba convincente de que tras su disolución caeremos en estado similar.

Crítica a la creencia en la realidad de los milagros



 
Una religión revelada es aquella cuyas doctrinas se presentan como comunicación directa de la divinidad a los hombres. Problema ¿cómo estar seguros de que lo que se declara revelado es de genuina procedencia divina y no producto del engaño de unos sujetos o de sus fantasías?

Respuesta del cristianismo: los milagros. Algo que transgrede las leyes de la naturaleza está claramente más allá del poder de ejecución de los hombres. A la persona que los realice habrá que considerarla como depositaria de un poder que Dios le ha dado. Y si manifiesta que ese mismo Dios le ha revelado determinada doctrina, hay que creerla. 



 

Para HUME, un milagro es un suceso contrario a toda nuestra experiencia pasada, y a la hora de valorar la credibilidad del testimonio que nos habla del mismo, tenemos que tener en cuenta ese carácter improbable que posee.
¿Qué valor podemos otorgar al relato de los evangelios en lo que se refiere a los milagros de Jesús? Hemos de considerar que se trata de una narración escrita por personas sin ningún crédito ni reputación, y en donde se nos presentan unos sucesos que violan completamente el curso regular de la naturaleza. Además, estos milagros sucedieron en un apartado rincón del mundo romano y entre personas incultas e ignorantes. ¿Quién había allí con conocimientos suficientes para detectar un posible engaño?

Añadir que estos milagros pretenden servir de prueba de la revelación de un único Dios verdadero y tienen en contra los milagros propios de otras religiones.

La única alternativa legítima es pensar que sus evidencias se destruyen mutuamente.

Otro argumento contra la credibilidad de cualquier milagro: el milagro es una transgresión de una ley de la naturaleza, no se ajusta a nuestra experiencia uniforme en el pasado. Si afirmamos que “el Sol sale todos los dias” es una ley de la naturaleza, y nos informan que cierto dia en el pasado dejó de salir y hubo una oscuridad total… ¿debemos pensar en una intervención de la divinidad? También podemos pensar que se debe a una causa natural pero desconocida
Es decir, un milagro implica que no puede explicarse por las leyes actuales ni podrá explicarse por leyes que descubramos en el futuro.

Ante un milagro:

- no debemos pensar en proclamar una intervención divina

- sino cuestionar nuestros conocimientos científicos e iniciar nuevas investigaciones.



Conclusión: nunca podemos convencernos de la realidad de un milagro. 

(ideas tomadas de Hume y Gerardo López Sastre)

viernes, 22 de abril de 2016

Los filósofos ante la muerte



Séneca
El hombre agobiado de quehaceres en nada se ocupa menos que en vivir, y eso que la ciencia de vivir es la más difícil. Maestros de las otras artes; pero de vivir, se ha de aprender toda la vida y toda la vida se ha de aprender a morir.

Es propio del varón más eminente no dejar que caiga en el vacío la más pequeña partícula de tiempo; y por eso su vida es sumamente larga, por cuanto dedicó toda su dimensión a su propio cuidado.
Aquel que hasta todo su tiempo en su personal utilidad, que dispone como una vida compendiosa cada uno de sus días, ni desea ni teme el mañana ¿Qué placer inédito puede reportarle una nueva hora? Todo es ya conocido

Por tanto, no has de decir que Fulano vivió mucho, porque tiene canas o arrugas, sino que duró mucho





Marco Aurelio
El conjunto de todas las acciones, que constituyen la vida, caso de cesar en el momento oportuno, ningún mal experimenta por el hecho de haber cesado.
Así pues, el término de la vida para cada uno no es un mal, pues no está sujeta a nuestra elección y no daña a la comunidad, y sí es un bien, porque es oportuno al conjunto universal, ventajoso y adaptado a él.

La salvación de la vida consiste en practicar la justicia con toda el alma y en decir la verdad. ¿Qué queda entonces sino disfrutar de la vida, trabando una buena acción con otra, hasta el punto de no dejar entre ellas el mínimo intervalo?
 






Spinoza
Un hombre libre en nada piensa menos que en la muerte, y su sabiduría no es una meditación de la muerte, sino de la vida
Un hombre libre, que vive sólo según el dictamen de la razón, no se deja llevar por el miedo a la muerte, sino que desea el bien directamente, esto es, desea obrar, vivir o conservar su ser poniendo como fundamento la búsqueda de su propia utilidad, y por ello, en nada piensa menos que en la muerte.







Schopenhauer
Nacimiento y muerte forman los dos extremos o polos de todas las manifestaciones de la vida, y el amor es la compensación de la muerte.
Por eso los antiguos griegos y romanos adornaban los sarcófagos con bajorrelieves figurando fiestas.
Exigir la inmortalidad del hombre en este mundo es querer perpetuar un error, ya que si se le concediera una vida eterna, los estrechos límites de su inteligencia le parecerían a la larga tan monótonos y le inspirarían un disgusto y desprecio tal que para verse libre de ellos concluiría por preferir la nada.

Para conducir al hombre a un estado mejor, no bastaría ponerle en un mundo mejor, sino que sería preciso transformarle totalmente. Por tanto es forzosamente necesario dejar de ser lo que es y esta previa condición la realiza la muerte.

La conclusión de todas las actividades de esta vida es un gran alivio. Esto tal vez nos explica la expresión de dulce serenidad que se manifiesta en los rostros de gran parte de los muertos.

[...]
 
Cada uno de nosotros defiende su vida como si fuera un precioso depósito de que tuviera que responder. Ignora el porqué, no conoce la recompensa; admite a ojos cerrados y bajo palabra, que el premio tiene un gran valor, pero ignora en qué consiste. Las marionetas no están movidas por hilos exteriores, sino por un mecanismo interior, que es la voluntad de vivir.

El carácter absoluto y originario de la voluntad explica que el hombre ame sobre todas las cosas una existencia llena de miserias, de tormentos, de aburrimiento; por el contrario, nada teme tanto como ver llegar su término, que es lo único de que puede estar seguro.
 

martes, 5 de abril de 2016

Conceptos básicos de logoterapia (Viktor Frankl)

(fragmentos extraídos de la obra "El hombre en busca de sentido". Adaptado sólo para fines didácticos)


En el psicoanálisis, el paciente se tiende en un diván y le dice a usted cosas que, a veces, son muy desagradables de decir. Pues bien, en la logoterapia, el paciente permanece sentado, bien derecho, pero tiene que oír cosas que, a veces, son muy desagradables de escuchar.
Comparada con el psicoanálisis, la logoterapia es un método menos retrospectivo y menos introspectivo. La logoterapia mira más bien al futuro, es decir, a los cometidos y sentidos que el paciente tiene que realizar en el futuro. A la vez, la logoterapia se desentiende de todas las formulaciones del tipo círculo vicioso y de todos los mecanismos de retroacción que tan importante papel desempeñan en el desarrollo de las neurosis.
Se centra en el significado de la existencia humana, así como en la búsqueda de dicho sentido por parte del hombre. De acuerdo con la logoterapia, la primera fuerza motivante del hombre es la lucha por encontrarle un sentido a su propia vida, en contraste con el principio de placer en que se centra el psicoanálisis freudiano.

Voluntad de sentido
La búsqueda por parte del hombre del sentido de la vida constituye una fuerza primaria y no una "racionalización secundaria" de sus impulsos instintivos. Este sentido es único y específico en cuanto es uno mismo y uno solo quien tiene que encontrarlo; en el hombre no cabe hablar de eso que suele llamarse impulso moral o impulso religioso, interpretándolo de manera idéntica a cuando decimos que los seres humanos están determinados por los instintos básicos. Nunca el hombre se ve impulsado a una conducta moral; en cada caso concreto decide actuar moralmente. Y el hombre no actúa así para satisfacer un impulso moral y tener una buena conciencia; lo hace por amor de una causa con la que se identifica


Frustración existencial
La voluntad de sentido del hombre puede también frustrarse, en cuyo caso la logoterapia habla de la frustración existencial. El término existencial se puede utilizar de tres maneras: para referirse a la propia (1) existencia; es decir, el modo de ser específicamente humano; (2) el sentido de la existencia; y (3) el afán de encontrar un sentido concreto a la existencia personal, o lo que es lo mismo, la voluntad de sentido.
La frustración existencial se puede también resolver en neurosis. Para este tipo de neurosis, la logoterapia ha acuñado el término "neurosis noógena", en contraste con la neurosis en sentido estricto; es decir, la neurosis psicógena. Las neurosis noógenas tienen su origen no en lo psicológico, sino más bien en la existencia humana. 


Neurosis noógena
Las neurosis noógenas no nacen de los conflictos entre impulsos e instintos, sino más bien de los conflictos entre principios morales distintos; en los casos noógenos, la terapia apropiada e idónea no es la psicoterapia en general, sino la logoterapia, es decir, una terapia que se atreva a penetrar en la dimensión espiritual de la existencia humana.
No todos los conflictos son necesariamente neuróticos y, a veces, es normal y saludable cierta dosis de conflictividad. Análogamente, el sufrimiento no es siempre un fenómeno patológico; más que un síntoma neurótico, el sufrimiento puede muy bien ser un logro humano, sobre todo cuando nace de la frustración existencial. El interés del hombre, incluso su desesperación por lo que la vida tenga de valiosa es una angustia espiritual, pero no es en modo alguno una enfermedad mental. La logoterapia considera que es su cometido ayudar al paciente a encontrar el sentido de su vida. 

Noodinámica
Cierto que la búsqueda humana de ese sentido y de esos principios puede nacer de una tensión interna y no de un equilibrio interno.
Ahora bien, precisamente esta tensión es un requisito indispensable de la salud mental. Hay mucha sabiduría en Nietzsche cuando dice: "Quien tiene un porque para vivir puede soportar casi cualquier cosa".
 La salud se basa en un cierto grado de tensión, la tensión existente entre lo que ya se ha logrado y lo que todavía no se ha conseguido; o el vacío entre lo que se es y lo que se debería ser.
Si los terapeutas quieren fortalecer la salud mental de sus pacientes, no deben tener miedo a aumentar dicha carga y orientarles hacia el sentido de sus vidas.

El vacío existencial
Doble pérdida que el hombre tiene que soportar desde que se convirtió en un verdadero ser humano. Al principio de la historia de la humanidad, el hombre perdió algunos de los instintos animales básicos que conforman la conducta del animal y le confieren seguridad; ha sufrido otra pérdida: las tradiciones que habían servido de contrafuerte a su conducta se están diluyendo a pasos agigantados. Carece, pues, de un instinto que le diga lo que ha de hacer, y no tiene ya tradiciones que le indiquen lo que debe hacer.
Este vacío existencial se manifiesta sobre todo en un estado de tedio. Podemos comprender hoy a Schopenhauer cuando decía que, aparentemente, la humanidad estaba condenada a bascular eternamente entre los dos extremos de la tensión y el aburrimiento. Por ejemplo, en la "neurosis del domingo", esa especie de depresión que aflige a las personas conscientes de la falta de contenido de sus vidas cuando el trajín de la semana se acaba y ante ellos se pone de manifiesto su vacío interno. Y esto es igualmente válido en el caso de los jubilados.

La logoterapia está indicada no sólo en los casos noógenos, sino también en los casos psicógenos
El sentido de la vida
El sentido de la vida difiere de un hombre a otro, de un día para otro, de una hora a otra hora. Así pues, lo que importa no es el sentido de la vida en términos generales, sino el significado concreto de la vida de cada individuo en un momento dado. Plantear la cuestión en términos generales puede equipararse a la pregunta que se le hizo a un campeón de ajedrez: "Dígame, maestro, ¿cuál es la mejor jugada que puede hacerse?"
En última instancia, el hombre no debería inquirir cuál es el sentido de la vida, sino comprender que es a él a quien se inquiere, y únicamente puede responder a la vida respondiendo por su propia vida; sólo siendo responsable puede contestar a la vida.

La esencia de la existencia
No hay nada que más pueda estimular el sentido humano de la responsabilidad que esta máxima que invita a imaginar, en primer lugar, que el presente ya es pasado y, en segundo lugar, que se puede modificar y corregir ese pasado: este precepto enfrenta al hombre con la finitud de la vida.
La logoterapia ha de dejarle la opción de decidir por qué, ante qué o ante quién se considera responsable. Y por ello el logoterapeuta es el menos tentado de todos los psicoterapeutas a imponer al paciente juicios de valor.
Corresponde, pues, al paciente decidir si debe interpretar su tarea vital siendo responsable ante la sociedad o ante su propia conciencia.
 
La logoterapia no es ni labor docente ni predicación. Está tan lejos del razonamiento lógico como de la exhortación moral. El verdadero sentido de la vida debe encontrarse en el mundo y no dentro del ser humano o de su propia psique, como si se tratara de un sistema cerrado. Por idéntica razón, la verdadera meta de la existencia humana no puede hallarse en lo que se denomina autorrealización. Podemos descubrir este sentido de la vida de tres modos distintos: (1) realizando una acción; (2) teniendo algún principio; y (3) por el sufrimiento. En el primer caso el medio para el logro o cumplimiento es obvio. El segundo medio para encontrar un sentido en la vida es sentir por algo como, por ejemplo, la obra de la naturaleza o la cultura; y también sentir por alguien, por ejemplo el amor.

El sentido del amor
Mediante su amor, la persona que ama posibilita al amado a que manifieste sus potencias. Al hacerle consciente de lo que puede ser y de lo que puede llegar a ser, logra que esas potencias se conviertan en realidad.
En logoterapia, el amor no se interpreta como un epifenómeno de los impulsos e instintos sexuales en el sentido de lo que se denomina sublimación. 
El sentido del sufrimiento
Cuando uno se enfrenta con una situación inevitable, enfrentarse a un destino que es imposible cambiar, precisamente entonces se le presenta la oportunidad de realizar el valor supremo, de cumplir el sentido más profundo.
Ejemplo: un viejo doctor me consultó sobre la fuerte depresión que padecía. No podía sobreponerse a la pérdida de su esposa, que había muerto hacía dos años y a quien él había amado por encima de todas las cosas. Le espeté la siguiente pregunta: "¿Qué hubiera sucedido, doctor, si usted hubiera muerto primero y su esposa le hubiera sobrevivido?" "¡Oh!", dijo, "¡para ella hubiera sido terrible, habría sufrido muchísimo!" A lo que le repliqué: "Lo ve, doctor, usted le ha ahorrado a ella todo ese sufrimiento; pero ahora tiene que pagar por ello sobreviviendo y llorando su muerte."
El sufrimiento deja de ser en cierto modo sufrimiento en el momento en que encuentra un sentido, como puede serlo el sacrificio. El hombre está dispuesto incluso a sufrir a condición de que ese sufrimiento tenga un sentido.

Problemas metaclínicos
Algunas de las personas que en la actualidad visitan al psiquiatra hubieran acudido en tiempos pasados a un sacerdote, pero hoy, por lo general, se resisten a ponerse en manos de un eclesiástico, de forma que el médico tiene que hacer frente a cuestiones filosóficas más que a conflictos emocionales. 
Un logodrama
Les pregunté si un chimpancé al que se había utilizado para producir el suero de la poliomielitis y, por tanto, había sido inyectado una y otra vez, sería capaz de aprehender el significado de su sufrimiento. Al unísono, todo el grupo contestó que no, rotundamente; debido a su limitada inteligencia, el chimpancé no podía introducirse en el mundo del hombre, que es el único mundo donde se comprendería su sufrimiento. Entonces continué formulando la siguiente pregunta: "¿Y qué hay del hombre? ¿Están ustedes seguros de que el mundo humano es un punto terminal en la evolución del cosmos? ¿No es concebible que exista la posibilidad de otra dimensión, de un mundo más allá del mundo del hombre, un mundo en el que la pregunta sobre el significado último del sufrimiento humano obtenga respuesta?" 
El suprasentido
Este sentido último excede y sobrepasa, necesariamente, la capacidad intelectual del hombre. Lo que se le pide al hombre no es, como predican muchos filósofos existenciales, que soporte la insensatez de la vida, sino más bien que asuma racionalmente su propia capacidad para aprehender toda la sensatez incondicional de esa vida.
Cuando un paciente tiene una creencia religiosa firmemente arraigada, no hay ninguna objeción en utilizar el efecto terapéutico de sus convicciones. Y, por consiguiente, reforzar sus recursos espirituales. 
La transitoriedad de la vida
La transitoriedad de nuestra existencia en modo alguno hace a ésta carente de significado, pero sí configura nuestra responsabilidad, ya que todo depende de que nosotros comprendamos que las posibilidades son esencialmente transitorias. En todo momento el hombre debe decidir, para bien o para mal, cuál será el monumento de su existencia.
 
La logoterapia, al tener en cuenta la transitoriedad esencial de la existencia humana, no es pesimista, sino activista.
¿Qué puede importarle a un adulto cuando advierte que se va volviendo viejo? ¿Por qué ha de envidiar a los jóvenes? ¿Por las posibilidades que tienen, por el futuro que les espera? “No, gracias”, pensará. “En vez de posibilidades yo cuento con las realidades de mi pasado, no sólo la realidad del trabajo hecho y del amor amado, sino de los sufrimientos sufridos valientemente. Estos sufrimientos son precisamente las cosas de las que me siento más orgulloso aunque no inspiren envidia”.

La logoterapia como técnica
Tomemos como punto de partida una condición que suele darse en los individuos neuróticos, a saber: la ansiedad anticipatoria. Es característico de ese temor el producir precisamente aquello que el paciente teme. Por ejemplo, una persona que teme ponerse colorada cuando entra en una gran sala y se encuentra con mucha gente, se ruborizará sin la menor duda.
De la misma forma que el miedo hace que suceda lo que uno teme, una intención obligada hace imposible lo que uno desea a la fuerza. Puede observarse esta intención excesiva, o "hiperintención", especialmente en los casos de neurosis sexuales. Cuanto más intenta un hombre demostrar su potencia sexual menos posibilidades tiene de conseguirlo.
Además de la intención excesiva, tal como acabamos de describirla, la atención excesiva o "hiperreflexión”, puede ser asimismo patógeno.

Pues bien, la logoterapia basa su técnica denominada de la "intención paradójica" en la dualidad de que, por una parte el miedo hace que se produzca lo que se teme y, por otra, la hiperintención estorba lo que se desea. Por la intención paradójica, se invita al paciente fóbico a que intente hacer precisamente aquello que teme, aunque sea sólo por un momento.

La intención paradójica también puede aplicarse en casos de trastornos del sueño. El temor al insomnio da por resultado una hiperintención de quedarse dormido que, a su vez, incapacita al paciente para conseguirlo. Para vencer este temor especial, yo suelo aconsejar al paciente que no intente dormir. La hiperintención de quedarse dormido, nacida de la ansiedad anticipatoria de no poder conseguirlo, debe reemplazarse por la intención paradójica de no quedarse dormido, que pronto se verá seguida por el sueño.

La intención paradójica no es una panacea, pero sí un instrumento útil en el tratamiento de las situaciones obsesivas, compulsivas y fóbicas, especialmente en los casos en que subyace la ansiedad anticipatoria. Además, es un artilugio terapéutico de efectos a corto plazo, de lo cual no debiera, sin embargo, concluirse que la terapia a corto plazo tenga sólo efectos terapéuticos temporales. Una de las ilusiones más comunes de la ortodoxia freudiana es que la durabilidad de los resultados se corresponde con la duración de la terapia.
Como vemos, la ansiedad anticipatoria debe contraatacarse con la intención paradójica; la hiperintención, al igual que la hiperreflexión deben combatirse con la "de-reflexión"; ahora bien, ésta no es posible, finalmente, si no es mediante un cambio en la orientación del paciente hacia su vocación específica y su misión en la vida. 
La neurosis colectiva
El vacío existencial que es la neurosis masiva de nuestro tiempo puede descubrirse como una forma privada y personal de nihilismo, ya que el nihilismo puede definirse como la aseveración de que el ser carece de significación. Por lo que a la psicoterapia se refiere, no obstante, nunca podrá vencer este estado de cosas a escala masiva si no se mantiene libre del impacto y de la influencia de las tendencias contemporáneas de una filosofía nihilista
La teoría de que el hombre no es sino el resultado de sus condiciones biológicas, sociológicas y psicológicas o el producto de la herencia y el medio ambiente, en esta concepción del hombre hace de él un robot, no un ser humano.
Cierto, un ser humano es un ser finito, y su libertad está restringida. Pero no se trata de liberarse de las condiciones, hablamos de la libertad de tomar una postura ante esas condiciones. 
Crítica al pandeterminismo
El pandeterminismo es el punto de vista de un hombre que desdeña su capacidad para asumir una postura ante las situaciones, cualesquiera que éstas sean.
Pero en realidad el hombre no está totalmente condicionado y determinado; él es quien determina si ha de entregarse a las situaciones o hacer frente a ellas. Las bases de toda predicción vendrán representadas por las condiciones biológicas, psicológicas o sociológicas. No obstante, uno de los rasgos principales de la existencia humana es la capacidad para elevarse por encima de estas condiciones y trascenderlas. 
El credo psiquiátrico
Nada hay concebible que pueda condicionar al hombre de tal forma que le prive de la más mínima libertad. Por consiguiente, al neurótico y aun al psicótico les queda también un resto de libertad, por pequeño que sea.
Un individuo psicótico incurable puede perder la utilidad del ser humano y conservar, sin embargo, su dignidad. Si el paciente no fuera algo más, la eutanasia estaría plenamente justificada. 
La psiquiatría rehumanizada
Durante mucho tiempo la psiquiatría ha tratado de interpretar la mente humana como un simple mecanismo y, en consecuencia, la terapia de la enfermedad mental como una simple técnica. Me parece a mí que ese sueño ha tocado a su fin.
El ser humano no es una cosa más entre otras cosas; las cosas se determinan unas a las otras; pero el hombre, en última instancia, es su propio determinante.